Una clienta llegó a un taller con una hipótesis sobre su propio negocio los datos apuntaban a otra cosa, y su equipo ya se lo había dicho varias veces con cifras y con paciencia; no se había movido. Esa tarde, trabajando con el grupo hacia una solución concreta cambió, flexibilizó la manera en que venía mirando el problema casi sin darse cuenta… lo mismo que llevaba meses sin poder oír, lo escuchó en unas horas. El argumento no había mejorado, era el mismo; cambió el lugar desde donde le llegaba, cuando la corrección viene de adentro de alguien del propio equipo, hay algo que sostener y quien da la autorización final defiende su versión casi sin querer, cuando uno construye junto a otros que no le deben nada ni le piden nada esa versión y entonces deja de necesitar defensa, es así como logramos flexibilizar lo que antes era una idea rígida. Casi nadie ve del todo su propio patrón, lo actuamos sin mirarlo el que tenemos a un lado en cambio, se ve con una claridad incómoda y en una sala llena de pares uno queda con cierta distancia como detrás de un vidrio, observándose como observa a los demás… esa distancia mínima, la de mirarnos hacer mientras estamos ejecutando algo, rara vez se consigue a solas.
En otro grupo, una alumna no compraba nada de las teorías que revisábamos y lo defendía con solidez, sin ceder un centímetro; pudo quedar en el desacuerdo de siempre, cada quien sosteniendo el argumento principal, pero terminó proponiéndole al grupo documentar las dos posturas en un mismo registro, para que quien llegara después (otra generación) pudiera debatirlas y buscar evidencia. El desacuerdo no se disolvió se convirtió en algo que va a perdurar, y de paso mostró cómo se vincula un grupo que se toma en serio sus propias diferencias.
Ninguna de las dos cosas estaba en mi plan de la sesión, y ahí está lo que hace un taller y no hace una diapositiva a veces el cambio que uno traía agendado ni ocurre, y aparece otro que nadie había dibujado… se entra a aprender una cosa y se sale moviendo otra que ni se sabía que se cargaba.
Por eso pongo a trabajar grupos y no solo a personas aisladas, hay cosas que únicamente se dejan ver cuando alguien más está en la sala, la clienta no necesitaba más datos, los tuvo siempre, necesitaba una sala. Entender a solas tiene un techo, y el techo se llama uno mismo.
Llevo esta forma de trabajo a equipos y a grupos de decisión; un concepto se abre y se prueba en la sala contra sus propios casos, con los pares y con quienes deciden en el mismo lugar. El resultado es un cambio concreto en cómo el equipo lee lo que hace, sostenido por el grupo que lo vio surgir.